
Desde la Casa de Cultura hasta el majestuoso Teatro Juárez, el Festival Internacional Cervantino, en su edición 53, continúa sorprendiendo con espectáculos que transforman los espacios y las emociones del público.
La jornada cultural vivió uno de sus momentos más memorables con Sun & Sea, la obra lituana galardonada con el León de Oro en la Bienal de Venecia, dirigida por Rugilė Barzdžiukaitė.

El escenario se convirtió en una playa artificial, un paisaje luminoso donde trece talentosos vocalistas dieron vida a un relato que, entre cantos y gestos cotidianos, expone las contradicciones humanas frente a la naturaleza.
El público, observando desde arriba, se transformó en testigo de una escena aparentemente veraniega: cuerpos descansando, risas, canciones; pero detrás de esa calma se revelaba una tensión latente sobre el deterioro ambiental.


El performance no solo cautivó por su propuesta visual (toneladas de arena dentro del recinto) sino porque dejó una huella profunda en la conciencia colectiva.
Más que un espectáculo, fue un viaje multisensorial, donde el placer y la preocupación se entrelazan como las olas que arrastran tanto belleza como advertencia.
Julieta muestra la fuerza del arte mexicano contemporáneo
En otro punto de la ciudad, el Teatro Juárez se llenó de emoción y carcajadas con la presentación de Julieta, protagonizada por la artista mexicana Gabriela Muñoz, mejor conocida como Chula the Clown.
Acompañada por la Banda de Música del Estado, construyó un universo íntimo y conmovedor donde la risa se convirtió en un vehículo para hablar del paso del tiempo y la memoria.

Inspirada en su tía abuela y en sus experiencias como payasa en residencias de ancianos, Julieta retrató la vida de una mujer mayor que convive con sus recuerdos, tejiendo entre pasado y presente una historia llena de ternura, humor y reflexión.
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Durante la función, Chula rompió la cuarta pared e invitó a un espectador a sumarse al performance, provocando un estallido de risas que contagió a toda la sala.
El público respondió con una ovación de pie que se prolongó varios minutos, celebrando no solo la maestría escénica, sino también la humanidad de su propuesta.




