Silao tiene dos diputados cobradores expertos: Millán y Tovar

Silao cerrará diciembre con una postal que ya nadie quiere ver: dos diputados que inflan sus bolsillos mientras el municipio permanece igual de olvidado.

Ernesto Millán, de Morena, y Salvador Tovar, del PAN, cobrarán casi seiscientos mil pesos este mes, una cifra obscena frente a la realidad económica de miles de familias que viven con ocho mil pesos mensuales. Sí, ocho mil. Esa cantidad que obliga a elegir entre la despensa o el gas, entre pagar transporte o sacrificar la mitad del presupuesto familiar.

Millán y Tovar disfrutan números que ningún obrero, comerciante, mesera, repartidor o trabajador de maquila podría alcanzar en toda una temporada laboral completa. La desigualdad nunca se disfraza tan bien como en diciembre, cuando el Congreso convierte la Navidad en un premio exclusivo para su élite política.

La molestia crece porque Silao no recibe nada a cambio. Los diputados mantienen presencia pública decorativa, sin iniciativas importantes, sin gestiones relevantes, sin una sola acción que coloque al municipio en la agenda estatal.

Silao necesita inversiones, movilidad digna, transporte seguro, infraestructura educativa, atención ambiental y una postura contundente en temas de seguridad. Pero los diputados se esconden detrás de discursos reciclados y fotografías sin sustancia.

Ernesto Millán prometió transformación, pero solo transformó su cuenta bancaria. Salvador Tovar aseguró compromiso, pero solo comprometió su presencia en eventos donde posa para la foto sin ofrecer soluciones. Silao no observa proyectos, no conoce propuestas, no identifica liderazgo, no recibe resultados. Los dos legisladores comparten algo más que diciembre millonario: comparten irrelevancia.

Mientras los influencers locales peleaban espacios con salarios mínimos, y mientras los trabajadores de parques industriales formaban filas interminables para no perder un día de trabajo, los diputados celebraban su aguinaldo dorado. La distancia entre representados y representantes nunca se sintió tan grande.

Ambos partidos presumen ideologías opuestas, pero unen manos cuando aparece el cheque. Morena deja su austeridad en vacaciones; el PAN olvida sus discursos de eficiencia; ambos repiten la misma excusa: “la ley lo permite”. Claro, la ley permite muchas cosas; la ética pública exige otras.

Silao merece algo mejor que dos figuras ornamentales que solo recuerdan al municipio cuando piden votos. Nadie impide que trabajen, gestionen, exijan o defiendan causas locales. Simplemente no lo hacen porque resulta más cómodo cobrar que construir. La representación se vuelve un trámite y el cargo se vuelve un privilegio.

El 2025 termina con un mensaje claro: Silao no tiene diputados; Silao tiene dos cobradores expertos. Dos figuras que no producen, no incomodan, no proponen y no defienden a nadie.

La pregunta ya no es cuánto cobran. La verdadera pregunta es: ¿hasta cuándo los silaoenses permitirán diputados que viven muy bien mientras el municipio vive muy mal?