
La gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo presentó una de las apuestas más ambiciosas de su administración: transformar la vigilancia carretera mediante estaciones de cobertura, células operativas y un incremento histórico en la fuerza policial.
Pero más allá del discurso oficial, la discusión real aparece en los números. Y los números, esta vez, son enormes.
El arrendamiento de 162 patrullas nuevas —equipadas con tecnología de punta y mantenimiento asegurado— supera los 700 millones de pesos. La cifra provoca debate, pero no asombra.
Las patrullas adquiridas por compra directa suelen fallar, paran en talleres, se sustituyen a destiempo o dejan tramos sin vigilancia. Al final, el gasto termina siendo mayor, aunque pocas administraciones lo reconocen abiertamente.
El gobierno estatal afirma que, con el esquema de arrendamiento, el costo-beneficio se inclina a su favor: disponibilidad total, renovación continua y operación sin interrupciones. Es una especie de “club automotriz” aplicado a una corporación que no puede quedarse parada en el acotamiento. Sobre el papel funciona. En la realidad, se validará después.
Lo novedoso no es solo la inversión, sino la estructura operativa. Las células de caminos, integradas por dos patrullas y cuatro elementos para vigilar tramos de 40 kilómetros, buscan cubrir huecos, acelerar la respuesta y mantener vigilancia continua. Un rediseño que podría transformar un sistema que durante años mostró fatiga.
Y aquí vale reconocer algo: la estrategia CONFIA ha mostrado resultados medibles. La gobernadora ha logrado articular un esquema de coordinación con autoridades federales, respaldado por la presidenta Claudia Sheinbaum, que entiende que Guanajuato necesita acompañamiento, inteligencia y alineación real, no gestos simbólicos. Esa cooperación permitió disminuir delitos carreteros, contener fenómenos delictivos y mejorar indicadores que antes parecían inamovibles.
Además, Libia García ha construido convenios regionales inéditos con los gobiernos de Jalisco, Michoacán, San Luis Potosí y Querétaro. Su liderazgo en el Bajío empieza a perfilar una figura que articula una visión de seguridad compartida, donde los estados dejan de verse como islas y comienzan a operar como corredor estratégico. Un enfoque que, si madura, puede convertir a la región en referente nacional.
Libia asumió el reto y pide confianza, coordinación y esperanza. Y muchos ciudadanos seguimos apostando por ello, porque sí creemos que Guanajuato puede ser un estado seguro, con la paz que tanto se anhela.
Incluso si eso implica invertir millones. La seguridad siempre costará caro; la inseguridad, infinitamente más, pero lo que esperamos es que no sea otro de esos anuncios fallidos como Escudo del ex gobernador Miguel Márquez o el Golpe de Timón del exgobernador de la casa en el gabacho, Diego Sinhue.
El desafío ahora no está solo en patrullas nuevas ni en estaciones modernas: está en lograr que la ciudadanía sienta la misma tranquilidad que reflejan las estadísticas oficiales.
Cuando percepción y realidad se encuentren, entonces sí podremos decir que las carreteras de Guanajuato son verdaderamente seguras.
Pronto lo sabremos y CONFIAmos en que vendrán tiempos mejores.



