PAN Silao: limpiar el mugrero

Ismael Zúñiga, delegado del PAN en función de dirigente, llegó a Silao con una escoba que debió aparecer hace veinte años, cuando empezaron demasiadas complicidades internas en su partido.

Su decisión de revisar militantes, abrir expedientes y sacar oportunistas, resulta correcta, pero también exhibe cuánto permitió Acción Nacional durante décadas.

Porque el problema nunca fueron solamente cinco nombres incómodos; el problema fue una cultura partidista que convirtió posiciones públicas en patrimonio de grupos internos.

Ahí aparece Jorge Galván, exalcalde panista y viejo operador político, como símbolo de una generación que acumuló poder, influencia, pleitos y cuestionamientos durante años.

El PAN tardó demasiado en preguntarse qué representaban esos liderazgos, qué dejaron realmente a Silao y cuánto daño provocaron sus disputas internas.

Ahora pretende expulsarlos cuando algunos ya caminan políticamente lejos del azul, como si cerrar la puerta después del abandono pudiera considerarse una depuración profunda.

Más delicado resulta el caso del regidor Alejandro Peña Gallo, porque ahí la discusión cambia: disentir de Melanie Murillo no debería bastar para justificar una expulsión.

Pero Peña tampoco puede escudarse solamente en la discrepancia cuando sus decisiones dentro del Ayuntamiento afectan proyectos ciudadanos o responden principalmente a cálculos personales.

Ahí Zúñiga acierta: ningún regidor debería usar una diferencia interna para bloquear iniciativas que beneficien a Silao solamente porque gobierna otra corriente.

Sin embargo, esa regla debe aplicarse también a Melanie: gobernar bajo las siglas panistas exige escuchar, construir acuerdos y respetar compromisos políticos establecidos internamente.

El PAN no puede exigir disciplina únicamente hacia abajo mientras tolera imposiciones arriba; esa doble moral precisamente alimentó buena parte de sus fracturas internas.

Y luego aparece Juan Antonio Morales Maciel, exalcalde panista: una sanción firme lo inhabilita un año por irregularidades administrativas del programa Cuartos Adicionales municipal.

Su caso demuestra por qué la limpieza llega tarde: durante años el partido respaldó figuras que después terminaron bajo procedimientos, observaciones o sanciones administrativas.

Lo peor del caso: todos impunes!!!

También está José Antonio Trejo, cuya administración dejó cuestionamientos, auditorías solicitadas, deudas y una reasignación millonaria sin sustento.

Entonces cuesta celebrar demasiado esta cruzada moral, porque varios personajes que hoy incomodan fueron candidatos, funcionarios o dirigentes gracias al PAN que calló antes.

Algunos después buscaron cobijo político fuera; otros continúan cerca de Morena, Verde o nuevas expresiones, mientras presumen una historia azul cuando les resulta conveniente.

Por eso Silao necesita menos panistas y más ciudadanos dentro del PAN: personas sin hambre de regidurías, contratos, recomendaciones, candidaturas o cuotas de poder.

Ismael Zúñiga parece entenderlo y merece reconocimiento por tocar intereses que otros dirigentes prefirieron administrar, aunque falta comprobar hasta dónde llegará esa limpieza interna partidista.

Todo dependerá también de Melanie Murillo: si entrega resultados, construye acuerdos y busca reelegirse, puede darle oxígeno electoral al PAN rumbo al año 2027.

Pero si fracasa, ningún expulsado salvará al partido: entonces quedará claro que la verdadera enfermedad nunca fueron algunos militantes, sino décadas de malas prácticas, toleradas por el mismísimo PAN que ahora los expulsa.