Transcurrió primer semestre -de casi doce- conduciendo presidente López. La semana pasada se publicaron diversos indicadores sobre la marcha del país. Quiero destacar dos: los resultados preliminares en materia de seguridad pública y en combate a la corrupción, temas fundamentales. La crisis en salud por desabasto de medicinas, médicos y cierre de clínicas o la pérdida de más de 75 mil empleos o la caída del 54 % en la creación de los mismos comparados con primer semestre de sexenio anterior, o la minimización del sargazo en el Caribe, para otra ocasión. Seis meses es poco tiempo para resolver viejos y graves problemas del país; lo desgastante para el presidente y para el país es su reiterado compromiso de que desde primer día de su gobierno estarían resueltos porque ya no habría corrupción: esa expectativa no se ha ajustado. El mismo error cometió Fox expresando que con “sacar al PRI de Los Pinos” el país cambiaría; no adecuar promesas a lo real posible provoca decepción .
Iniciado su gobierno López prometió “pacificación del país” inmediata. Los delitos en mayo son los más altos de la historia: 2,903 homicidios dolosos; o 14,505 en primer semestre, el triple del mismo período de Calderón, y en tendencia creciente. Particularmente grave es la nueva escalada del secuestro, con incremento del 60% que deriva de falta de estrategia antisecuestro, de desmantelar la unidad especializada y del recorte del presupuesto en todos los rubros de seguridad y procuración de justicia; la estrategia de combate al huachicoleo se hizo sin una estrategia seria provocando, además de desabasto, que bandas de huachicoleros se pasaran al secuestro. La Guardia Nacional prometida a Gto ya se fue a la frontera sur desatendiendo huachicoleo. A ese paso 2019 será el año más violento de la historia de México. Es inaplazable una estrategia, metas y objetivos verificables, recursos y rendición de cuentas que no tenemos. Ni las dos versiones del Plan Nacional de Desarrollo -contradictorias entre sí-, ni la Estrategia Nacional de Seguridad ni el Plan Nacional de Seguridad son congruentes, y como ya he señalado, no contienen estrategia para fortalecer las capacidades de policías municipales y estatales y las fiscalías, que es desde lo local donde empieza la solución.
En anticorrupción México fue calificado esta semana en el índice de Capacidad de Combate a la Corrupción, del Consejo de las Américas, con 4.65 en una escala de 1 a 10, en la que 10 significa mayores posibilidades de transparentar, castigar y contener la corrupción. Solo nos superaron Venezuela y Guatemala. El presidente López repite todos los días que como ya no hay corrupción todo está mejor; sus dichos no bastan para cambiar la realidad, particularmente luego del putrefacto gobierno antecesor, ni se corresponden con acciones conducentes a combatir corrupción. Urge una política pública permanente y estable que combata corrupción con visión sistémica como prevé la constitución.
El “vamos bien” o “tengo otros datos” del presidente son palabras que ocultan la realidad. No somos dueños del sentido de las palabras; estas tienen significados propios que debemos respetar si queremos comunicarnos, entendernos y construir acuerdos respetados. López Obrador ha comunicado una idea del pasado inmediato “neoliberal”, demoniaco y otra del pasado remoto idílica con lo que ha logrado un lenguaje prevaleciente entre buena parte del país, adueñándose o expropiando el sentido de palabras que combinadas con insultos y simplificaciones conforma fieles incondicionales así como detractores, e impide verdadero diálogo y acuerdos entre todos los mexicanos. Como propone Jesús Silva Herzog (“Hechizo de palabras”, 24-jun-2019) la primera tarea de la crítica es recuperar el sentido de las palabras y reconocer complejidad de la realidad y no retórica binaria, practicar el respeto al otro, respetar los datos, escuchar el razonamiento técnico, apreciar la pluralidad, reconocer lo bueno del pasado y rechazar que todo lo nuevo sea validable. Las señales nos indican debemos corregir el rumbo, reconformar tripulación y no prostituir las palabras, de inicio.

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