Tata se fundió en un abrazo de amor definitivo con el Padre, Plenitud de Vida. La tristeza que familiares y amigos sentimos es rebasada en la certeza de que este alejamiento es provisional; compartimos con él esperanza de la Resurrección. Su vida –de casi 95 años- fue desde tierna edad de disciplina, de fe, de entrega. A los once años la abuela lo refugió en la parroquia de San Miguel, en León, ante el riesgo de que por su actividad de mensajero del movimiento cristero también sufriera represalias gubernamentales como las de su hermano mayor, el tío Chon, entonces preso en la cárcel de Salgado, en Guanajuato, por el delito de defender libertades religiosas de mayoría del pueblo. Nos recordaba eran tiempos de Lázaro Cárdenas en que se impuso legislación que al leerlas extremaban disposiciones discriminatorias para los católicos. Esa separación temprana del seno materno fue experiencia forjadora de carácter que con el tiempo definió su personalidad. A los 13 años ingresó al seminario conciliar de León, donde además de jugar al futbol -le apasionaba- adquirió la formación filosófica, moral y espiritual que le darían el perfil intelectual con que armó sus proyectos de vida en el orden temporal y espiritual.
Salió del seminario luego de casi 9 años y ya instalado en la vida civil se integró en la Acción Católica de la Juventud Mexicana, la ACJM, formadora de ciudadanos en la Doctrina Social Católica. Luego de culminar ese proceso los obispos inducían a potenciales líderes a entrar a la política, por lo que siguiendo a un ex -presidente nacional de la ACJM (José González Torres), decidió con otros compañeros optar por el único partido de oposición confiable, al inicio de los 60s. Prevalecía ambiente de abandono del deber y de responsabilidad personal en la política. Era harto difícil la condición política de los mexicanos que quisieran trazar proyectos conforme a exigencias de moral social y requerimientos del bien común nacional, más bajo la perspectiva del humanismo de inspiración cristiana. Nos decía: si al pueblo no se le convence optar por camino arduo, escogerá el fácil; ejemplos de defección por miedo o cobardía, comodidad burguesa o interés utilitario abundaron a su alrededor. Asumió con otros ciudadanos la opción difícil pero obligatoria que lo fue para varias generaciones: la del esfuerzo por rehabilitación política de la nación mediante instauración de régimen verdaderamente democrático.
Hacer compatible su militancia política en la oposición con la pertenencia a un sindicato electricista oficialista fue uno de sus mayores retos y riesgos asumidos en las circunstancias de régimen autoritario que se vivía. Activista dentro del gremio de trabajadores de la industria eléctrica nacional, donde a punto de jubilarse se adhirió a la Tendencia Democrática de Rafael Galván contra el charrismo sindical oficialista entre 1976 y 1977 yéndose a huelga con riesgos mayores de ser expulsado del sindicato y quedarse sin trabajo. Pudo al tiempo jubilarse y concentrarse más en la actividad política. Era permanente representante ante las instancias organizadoras de las elecciones, e impartidor de cursos de capacitación y formación cívica. Un anexo de nuestra casa en la Calzada fue sede del partido por más de quince años. Primer candidato del PAN a Alcalde de Irapuato en 1979 y a otros cargos, y diputado local entre 1985-1988. Cuando Acción Nacional ganó gubernatura decidió dejar espacios públicos a ciudadanos emergentes. Exploró entonces distintos proyectos ocupacionales y su disfrute mayor fue sembrar y criar ganado en huerto al que no quería dejar de asistir
incluso los domingos. Hace apenas 3 domingos insistió lo llevaran a ver preparación de la tierra y pagar a sus trabajadores.
En sus últimos días ante crucifijo frente a su cama le decía: “Tu me miras y yo te miro”; en otro momentos lúcido le dijo: “Tu dispones y yo dispuesto”.
Aparte de caminos recorridos o logros cumplidos hoy permanece un legado mayor que su actuar sindical, cívico o político: la familia, valor pilar en su vida y nuestra razón de ser y estar hoy aquí. Con sus nietos también queda recordar la ilusión de los reyes magos como el cariño del pan en la mesa; y agradecer sus fuertes convicciones heredadas.
Nuestra Señora de la Soledad, patrona de Irapuato, fue advocación muy venerada por su padre, nuestro abuelo y por él. A éste templo venía a cubrirse con su manto en esa búsqueda perpetua del amor maternal; y aquí descansarán sus cenizas en la esperanza de ese cobijo eterno. Con la esperanza de la Resurrección tenemos la certeza de las palabras de Cristo en la Cruz: “Yo te aseguro que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”. Descanse en paz nuestro Tata, luego de una larga vida dedicada, además del cumplimiento de deberes familiares, laborales y cívicos, a la construcción de un país más justo, más libre, más democrático.
A ustedes: Gracias por sus plegarias y por estar aquí con nosotros.
Irapuato, 20 de diciembre 2018.

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