Más de 32 millones de mexicanos viven con ‘salarios de pobreza’, así lo revela encuesta

En México, trabajar ya no garantiza una vida digna. Así lo demuestra el más reciente estudio del Observatorio de Trabajo Digno, que reveló que más de 32 millones de personas reciben salarios tan bajos que no les alcanzan para cubrir ni siquiera dos canastas básicas. El fenómeno, denominado pobreza laboral, afecta a personas que tienen empleo pero no ganan lo suficiente para vivir.

Los datos son contundentes: ocho de cada diez trabajadores en Morelos se encuentran en esta situación. En esa entidad, el 85% de la población ocupada no logra ingresos suficientes. Le siguen de cerca Estado de México (82%), Puebla (81%), Chiapas (80%) y Oaxaca (78%), zonas donde el empleo existe, pero en condiciones tan precarias que profundizan la desigualdad.

En el otro extremo, estados como Zacatecas, Baja California Sur, Baja California, Nuevo León y Coahuila presentan los menores porcentajes de personas con ingresos insuficientes, aunque ninguno escapa del problema. Incluso en las entidades con mejores indicadores, uno de cada cuatro trabajadores no gana lo necesario para cubrir lo básico.

Para Rogelio Gómez Hermosillo, presidente de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, hablar de pobreza sin mencionar el empleo es un error estructural. “El trabajo mal pagado es la fábrica de pobreza más grande del país”, advierte. Y agrega que ninguna entidad federativa se salva: todas arrastran deficiencias serias en ingresos, prestaciones o seguridad social.

El informe también expone otra cifra preocupante: 35 millones de personas trabajan sin acceso a seguridad social, lo que implica que millones de familias están desprotegidas ante enfermedades o emergencias médicas. A esto se suman 12 millones sin prestaciones, 14 millones con jornadas laborales excesivas y 18 millones que no tienen contrato formal.

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El problema, afirma Gómez Hermosillo, no es la falta de empleo en sí, sino la calidad del trabajo disponible. Según explica, el 75% del ingreso de los hogares proviene del trabajo, por lo que si no se mejora este aspecto, no hay programa social que pueda compensarlo. “El desarrollo real solo será posible con empleos dignos, bien pagados y con derechos garantizados”, sostiene.

Lejos de ser una crisis silenciosa, la precariedad laboral en México tiene un impacto profundo y visible: restringe el acceso a servicios de salud, impide la planificación del futuro, y condena a millones de personas a vivir al día, incluso cuando tienen una jornada laboral completa. En este contexto, los sectores más afectados siguen siendo las mujeres y los jóvenes, quienes enfrentan mayores obstáculos para acceder a condiciones laborales justas.

Mientras tanto, el Observatorio llama a revisar el modelo económico y centrarlo en las personas. Los datos no mienten: sin empleo digno, no hay desarrollo posible.

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