
Silao, Gto.- Plaza La Joya, la plaza de los asaltos y robos en Silao, se convirtió en el símbolo de la inseguridad que aqueja a comerciantes y visitantes.
En los últimos seis meses, la cifra de asaltos creció de manera preocupante, generando miedo entre comerciantes, visitantes y familias que antes acudían sin mayor problema.
Don Carlos contó que dejó su camioneta afuera de Carnitas Poncho mientras iba con su pareja al cine y nunca volvió a encontrarla.
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Un joven llamado Roberto relató que acudió a comprar algunos productos, estacionó su motocicleta afuera del establecimiento y minutos después descubrió que ya no estaba.

Los casos recientes también incluyen dos asaltos violentos a la tienda Coppel, hechos que preocuparon a clientes y empleados por la frecuencia con que suceden.
El fin de semana pasado, un grupo armado entró a Soriana y despojó a cajeros del dinero, justo durante el cierre nocturno de la tienda.

Los antecedentes revelan que meses atrás también ocurrieron asaltos en la misma Coppel y en otros negocios, lo que consolidó la fama negativa del centro comercial.
La policía recibe múltiples reportes de robos y asaltos, mientras que la Fiscalía confirma denuncias sobre secuestros y levantamientos registrados en las inmediaciones de la plaza.

Vecinos aseguran que los operativos resultan insuficientes porque nunca existe vigilancia constante y el miedo prevalece entre quienes deben acudir por trabajo, compras o trámites personales necesarios.
La inseguridad se suma al abandono de la infraestructura, pues los trabajos de pavimentación quedaron inconclusos y automovilistas ahora circulan entre terracería, baches y charcos peligrosos.

Cuando llueve, el estacionamiento se convierte en un lodazal que desalienta a clientes, mientras comerciantes observan la disminución de ventas y el deterioro progresivo del entorno.
Soriana mantiene seguridad privada sin armas, medida insuficiente para detener asaltos, mientras Domino’s denunció repetidos robos a repartidores durante entregas en distintas colonias de Silao.

Ópticas, restaurantes y pequeños locales enfrentan pérdidas económicas por el clima de inseguridad, mientras clientes estacionan vehículos con temor de no encontrarlos al regresar de sus compras.
Ante este panorama, ciudadanos nombraron a La Joya como la plaza de los asaltos y los robos, apodo que hoy refleja una preocupante realidad compartida.




