
La Secretaría de Relaciones Exteriores designó a Rigoberta Menchú como Alta Consejera para los Derechos de las Mujeres y los Pueblos Indígenas en la Política Exterior de México, en coordinación con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.
El nombramiento busca fortalecer la estrategia del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para colocar la igualdad sustantiva y la interculturalidad como ejes centrales dentro de la agenda internacional del país.
Rigoberta Menchú, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1992, es una reconocida activista indígena maya k’iche’ con amplia trayectoria en la defensa de los derechos humanos, especialmente de mujeres y pueblos originarios en América Latina.
Además de recibir el Nobel, también fue distinguida con el Premio Príncipe de Asturias en 1998 y se desempeñó como embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, además de participar activamente en la construcción de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas aprobada en 2007.
En esta nueva función, colaborará con la Cancillería mexicana en el diseño de una política integral enfocada en la promoción y protección de los derechos de las mujeres, así como de los pueblos indígenas y comunidades afromexicanas.
Este trabajo se realizará en coordinación con la Secretaría de las Mujeres y el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, con el objetivo de fortalecer la presencia de México en la agenda internacional de derechos humanos.
La Secretaría de Relaciones Exteriores explicó que su labor consistirá en articular acciones entre distintas áreas del gobierno federal para impulsar planes y estrategias conjuntas que permitan elevar la voz de estas comunidades en espacios multilaterales.
También se busca asegurar que las propuestas y necesidades de mujeres, pueblos originarios y comunidades afromexicanas tengan mayor presencia dentro de la agenda global.
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En julio de 2025, Rigoberta Menchú recibió oficialmente su carta de naturalización como mexicana de manos del entonces canciller Juan Ramón de la Fuente, en representación de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Durante ese acto, el gobierno mexicano reconoció su trayectoria en la defensa de los derechos humanos y sus aportaciones académicas en diversas universidades dentro y fuera del país.
La activista guatemalteca mantiene una relación cercana con México desde hace décadas, especialmente desde su exilio durante el conflicto armado en Guatemala, lo que consolidó su vínculo con el país y su participación en múltiples causas sociales.



