La familia azul ajusta cuentas; pronto sabremos quién será el o la número uno en Silao

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En Silao, los Defensores de la Patria, la Familia y la Libertad dejaron de parecer un simple ejercicio interno. Hoy retratan al PAN por dentro: sus fortalezas, sus diferencias, sus alianzas y, por supuesto, sus heridas.

Una de las figuras que más atención concentra es Anabel Pulido. Llegó con cercanía estatal, relaciones políticas y experiencia, pero también con un equipo que provoca ruido entre distintos grupos del panismo silaoense.

En los corrillos azules se comenta, por ejemplo, que Miguel Sustaita encontró espacio cerca de su proyecto, pese a mantener una relación incómoda con la administración municipal y cargar con cuestionamientos públicos.

En esas mismas conversaciones aparece Lalo Durán, extesorero de Toño Trejo, quien después terminó cerca del Movimiento del Sombrero y, según versiones políticas, operó contra Acción Nacional durante la elección pasada.

Y tampoco falta el nombre de Guillermo Aguirre, diputado que alcanzó una curul en Guanajuato y que después quedó bajo señalamientos públicos por un episodio relacionado con alcohol ocurrido cerca de un hotel administrado por su familia.

Así, quiera o no, Anabel terminó como referencia para un grupo de panistas inconformes con Melanie Murillo. No necesariamente por diferencias ideológicas, sino por las formas con las cuales la alcaldesa ha ejercido el gobierno.

Melanie incluso ha sostenido que no todos los panistas sirven para trabajar como servidores públicos y que tampoco todos los servidores públicos deben ser panistas. La frase, políticamente incómoda, le ha provocado más de un dolor de cabeza dentro de casa.

Pero precisamente ahí comienza su verdadera prueba. Melanie carga con las ventajas del poder, aunque también con todo su desgaste: estructura, recursos, exposición diaria y una factura política que inevitablemente termina en su escritorio.

Por eso la encuesta entre militantes debe entenderse en su justa dimensión. Mide lo que piensan los panistas sobre sus propios perfiles; todavía no refleja necesariamente lo que piensa la mayoría de los ciudadanos de Silao.

Frente a ese escenario, el PAN también realiza mediciones telefónicas, distritales y seccionales para conocer el peso de la marca, los niveles de rechazo, las simpatías y las fortalezas de quienes pretenden aparecer en la boleta.

Y aquí tanto la dirigencia como Melanie tendrían que recordar algo elemental: la última competencia electoral resultó cerrada. Por eso nadie debería esperar cómodas ventajas de dos dígitos rumbo a 2027.

La alcaldesa, además, ha resistido golpes políticos que no siempre nacen directamente de sus decisiones, sino de errores cometidos por integrantes de su equipo. Ahí parece estar uno de sus principales problemas para cerrar fuerte.

Ya hizo algunos cambios, pero todavía faltan movimientos más delicados. En política, corregir tarde cuesta; no corregir puede costar mucho más cuando comienza a moverse la sucesión municipal.

Entre esos pendientes aparece con claridad la seguridad pública. Los reportes, reclamos y preocupaciones abundan, y cualquier revisión seria de la administración tendrá que colocar ese tema entre las prioridades.

Quizá por eso cobra especial importancia la reunión prevista con la gobernadora Libia y el secretario de Gobierno. La conversación difícilmente tendría que limitarse a los Defensores; también existe un municipio que gobernar y una marca partidista que cuidar.

Y cuando empieza a hablarse de 2027, aparece otro asunto que pocos mencionan en público, pero todos conocen: ninguna elección se gana solamente con simpatías. Hace falta organización, territorio, operadores, logística y, claro, dinero.

A eso habrá que sumar la posibilidad de una alianza. Si PAN y PRI deciden caminar juntos, Melanie tendrá que revisar con quién conviene cerrar filas, porque las coaliciones solamente funcionan cuando cada participante lleva votos y estructura a la mesa.

En el priismo local, los corrillos colocan a Norma Parra como una figura con peso propio, mientras las mismas conversaciones cuestionan cuánto puede aportar realmente Álvaro Caballero dentro de la estructura tricolor.

Las piezas, pues, empiezan a acomodarse. Unas vienen del PAN, otras del PRI y algunas más surgirán inevitablemente desde Morena, PT y Verde, porque nadie piensa regalar Silao en 2027.

El 25 de septiembre llegará otro momento importante. Dirán que los resultados de los Defensores no definen candidaturas, pero nadie monta semejante pasarela política únicamente para escoger quién carga una bandera y sonríe para la fotografía.

Lo cierto es que el ejercicio ya midió músculo, relaciones, lealtades y heridas. Ahora falta saber quién quedó arriba, quién tendrá que negociar y quién deberá empezar a hacer cuentas.

Después vendrá lo verdaderamente complicado: convencer a todo Silao. Porque una cosa es ganar entre los azules y otra muy distinta conseguir que la ciudadanía también compre la candidatura.