Feria Artesanal de Verano en San Miguel de Allende impulsa la economía local con más de 1 millón en ventas

En el corazón de San Miguel de Allende, la Feria Artesanal de Verano 2025 volvió a ser punto de encuentro entre tradición y creatividad. Durante varios días, 55 artesanos locales ocuparon el Jardín Principal con una muestra viva de lo que las manos sanmiguelenses saben hacer: piezas de latón, madera, lana, tapetes, espejos y réplicas de la parroquia que, más allá del adorno, cuentan historias.

El evento no solo atrajo a turistas en busca de objetos únicos, también generó una derrama económica superior al millón de pesos, dinero que fue directamente al bolsillo de quienes mantienen vivas las técnicas heredadas por generaciones. Esa cercanía entre creador y comprador convierte a esta feria en un modelo de economía real, tangible y local.

La presencia de los artesanos, muchos con décadas de experiencia, hizo evidente que no se trata solo de vender productos, sino de preservar identidad. Para ellos, como Yasmín, de Artesanía Ramírez, participar en la feria representa una oportunidad crucial: “Queremos que nos sigan dando espacio, que el turismo vea lo que hacemos con nuestras manos”, comentó entre bastidores de su puesto lleno de color.

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Otros, como Matías Ramírez Correa, con 35 años en el oficio, apelan al consumo consciente: “Aquí se encuentran trabajos muy bonitos. Estas ferias nos ayudan a crecer poco a poco”, dice, sin pretensiones, pero con la seguridad de quien ha visto pasar generaciones de compradores y colegas.

Rosa María Mendieta, quien lleva más de 30 años dedicada a la artesanía, subraya algo que muchos comparten: el lugar importa. “Aquí en el Jardín Principal hay mejor venta. Es donde llega el turismo. Nos ayuda mucho estar aquí”, explicó, recordando que el espacio público también puede ser una herramienta de crecimiento.

La Feria Artesanal de San Miguel de Allende no necesita discursos grandilocuentes para demostrar su impacto. Lo hacen los números, las manos trabajadas de sus participantes y las piezas que viajan a otras ciudades o países como embajadoras del arte local. En cada feria, no solo se vende: se protege un oficio, se genera ingreso y se refuerza el vínculo entre cultura y comunidad.

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