Juan Soto, el motociclista de Silao que recorre América

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Juan Soto nació en Silao y nunca imaginó que la motocicleta, que compró inicialmente solo para trasladarse al trabajo, terminaría siendo la llave de su mayor aventura.

Al principio, su moto pequeña lo llevaba únicamente a Puerto Interior y de regreso al rancho. Nunca pensó en salir más allá de los límites conocidos.

La segunda motocicleta cambió su destino. Con ella descubrió la emoción de llegar a Guanajuato capital, San Miguel, Dolores y otros pueblos cercanos que despertaron su espíritu viajero.

Cada kilómetro lo llevó más lejos. Primero cruzó a Jalisco, luego conoció la playa y Michoacán. La carretera se convirtió en un llamado imposible de ignorar.

En noviembre pasado, Juan emprendió un viaje inolvidable: desde Silao hasta Panamá. Pasó por Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y regresó con un corazón transformado.

“Me aventé como un mes y medio en ese recorrido. Regresé a finales de diciembre y aunque llegué sin empleo, volví lleno de experiencias”, relató.

Su vida encontró en la fotografía un refugio. Cada domingo, en la Sierra de Santa Rosa, capturaba a motociclistas y vendía las imágenes como sustento.

En paralelo, inició un pequeño negocio de sublimación y vendió algunas motos para financiar el siguiente sueño: recorrer Estados Unidos hasta llegar a Nueva York.

Salió de Guanajuato el 25 de abril con la convicción de conocer lo más posible. “La meta es recorrer pueblos, ciudades y carreteras”, aseguró.

Hasta ahora ha estado en Texas, Filadelfia, Nueva York y las Cataratas del Niágara. Después pasó por Ohio, Indiana y finalmente llegó a Chicago.

Desde allí prepara un nuevo reto: recorrer la legendaria Ruta 66, desde Illinois hasta California. Después planea bajar por Tijuana, recorrer la Baja y volver a Guanajuato.

Su cálculo es llegar de regreso en octubre. “Si todo sale bien, regreso a finales de octubre, después de completar medio año de viaje”, comentó con calma.

El dinero, explica, proviene de ahorros. “El 99.9% lo financio yo. Todo depende de los lujos que quieras darte”, reflexiona mientras recuerda noches en campamentos improvisados.

Hospedarse nunca ha sido problema. En su camino encontró la generosidad de otros motociclistas, muchos mexicanos radicados en Estados Unidos que le ofrecieron techo y comida.

“El primero que me dio hospedaje fue un guanajuatense de Moroleón, que vive cerca de Filadelfia. Así encontré paisanos con corazones enormes”, contó agradecido.

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En Las Vegas, incluso una silaoense lo contactó por TikTok y le ofreció su casa. “Es increíble cómo se abre la red de apoyo”, dice.

En medio de las anécdotas, Juan insiste en que viajar en moto no es caro si se sabe administrar. Su filosofía es simple: comer local, dormir donde se pueda.

Sus desayunos suelen ser un yogur y galletas. A veces aguanta hasta mediodía para una comida fuerte. La carretera le ha enseñado disciplina y resistencia.

“Lo que más gasta es el hospedaje, pero en motoayuda siempre encuentras a alguien que te abre las puertas”, explicó con una sonrisa en la voz.

La familia, desde Chimequillas, observa con asombro sus travesías. “Mi mamá nunca me cree hasta que me ve haciendo maletas”, dice entre risas.

Aunque algunos lo llaman loco, Juan ve en cada viaje un sueño cumplido. “Nunca me ha dado miedo, sé que todo depende de hacer las cosas bien”.

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Antes de arrancar, solo eleva una oración. “Le pido a Dios que nos cuide a todos los que andamos en moto”, comparte con sencillez.

En Silao, donde abundan los motociclistas, Juan ha intentado sembrar conciencia. Participó en campañas de uso de casco y repartió volantes, aunque reconoce que la gente es difícil de convencer.

A sus 30 años, con estudios de preparatoria y un carácter sereno, mira al futuro. Sueña con vender sus motos en México para emprender la ruta sudamericana.

“Quisiera comprar una moto en Colombia y recorrer hasta Argentina. Serían como tres meses de viaje, pero recorrería medio continente”, dice con ilusión en la voz.

Lo impulsa un deseo personal, no la imitación. “No me inspiré en nadie, simplemente nació la idea de ir más lejos cada vez”, aclara con convicción.

Su historia no es solo de kilómetros recorridos, sino de un hombre que encontró en la carretera la libertad y en la moto el sentido de vivir.