
Un fuerte terremoto de magnitud 6 sacudió la frontera entre Afganistán y Pakistán en la noche del domingo, causando destrucción generalizada en zonas montañosas.
Las provincias más afectadas resultaron ser Kunar y Nangarhar, donde murieron al menos 812 personas y más de 2 800 resultaron heridas, según fuentes gubernamentales afganas.
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El epicentro del sismo principal se ubicó a 27 kilómetros al este de Jalalabad, con una profundidad de apenas diez kilómetros, amplificando el impacto sobre construcciones frágiles.
Numerosos hogares construidos con barro colapsaron por completo. Aldeas enteras desaparecieron en Nurgal y otras zonas remotas, ocasionando un número elevado de víctimas civiles.

Equipos militares y médicos del gobierno talibán movilizaron helicópteros, transportaron a heridos y fallecidos y evacuaron 420 personas mediante cuarenta vuelos a hospitales regionales.
El terreno accidentado, los deslizamientos y el estado deplorable de caminos impidieron que rescatistas accedieran con rapidez a comunidades aisladas y auxiliaran a sobrevivientes.
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Autoridades solicitan ayuda humanitaria urgente. Piden fondos internacionales frente a la caída de asistencia exterior desde 2022, que ahora asciende apenas a 767 millones de dólares.

Organismos como la ONU y la OMS desplegaron equipos de emergencia. India, Irán, China y otros países ofrecieron condolencias y asistencia urgente a las autoridades afganas.
Este desastre se suma a una ya crítica situación humanitaria en Afganistán, marcada por la pobreza generalizada y la inseguridad, y resalta su alta vulnerabilidad sísmica.



