
Los sacerdotes de diversas comunidades rurales en Irapuato modifican sus actividades pastorales por la creciente violencia que impacta la vida cotidiana y las prácticas religiosas.
El obispo Enrique Díaz Díaz informó que la inseguridad afecta principalmente a Irapuato, Salamanca, Jaral del Progreso, Abasolo, Valle de Santiago, Pueblo Nuevo, Huanímaro, Cuerámaro y Pénjamo.
Los sacerdotes reportaron que ahora fijan las seis de la tarde como límite para reunir fieles, porque las noches generan riesgos constantes en distintos poblados vulnerables.
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Anteriormente, los grupos parroquiales realizaban encuentros nocturnos para facilitar la asistencia de trabajadores, pero muchas familias prefieren resguardarse y evitar desplazamientos peligrosos.
El obispo señaló que la Iglesia mantiene comunicación permanente con las comunidades, porque la población describe amenazas, extorsiones y agresiones que modifican dinámicas sociales profundamente arraigadas.

Durante la Asamblea Diocesana, los sacerdotes expresaron preocupación por el avance del crimen organizado y solicitaron acompañamiento institucional para enfrentar situaciones que afectan su labor pastoral.
El obispo pidió atención urgente de autoridades estatales y municipales, porque la violencia provoca miedo, desconfianza y rupturas comunitarias que deterioran la convivencia en zonas rurales.
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Las parroquias ajustaron programas formativos, horarios de catequesis y celebraciones locales, porque muchas familias abandonaron actividades religiosas habituales por temor a episodios violentos inesperados.
El obispo Díaz afirmó que los habitantes necesitan presencia oficial efectiva que recupere la tranquilidad, porque las comunidades desean participar plenamente en actividades sociales y espirituales.
Los sacerdotes continúan acompañando a las familias con mensajes de esperanza y solidaridad, porque consideran esencial fortalecer vínculos comunitarios frente a un contexto que exige renovación colectiva.
La Diócesis de Irapuato reiteró su compromiso con la población y solicitó condiciones dignas que permitan desarrollar actividades pastorales sin riesgos que limiten la vida religiosa.



