
El asesinato del policía municipal de Silao abrió otra herida interna: durante cuatro años trabajó sin base, pese a pedirla a mandos superiores municipales.
La noche del jueves 5 de marzo, hombres armados lo atacaron afuera del Pentágono de Seguridad. Murió después, mientras recibía atención médica de urgencia. 
El Otro Enfoque reportó el crimen y ubicó el ataque frente a la Secretaría de Seguridad. El Ayuntamiento después confirmó esa agresión oficialmente también. 
Fuentes de la corporación señalaron que el agente acumuló cuatro años con contratos eventuales. En ese lapso solicitó una plaza formal sin obtener respuesta. 
La historia del elemento resume una demanda frecuente: policías municipales reclaman estabilidad laboral, seguridad social, salario íntegro ante el IMSS y prestaciones básicas completas. Un fallo del Tribunal de Justicia Administrativa exhibió ese problema en Silao al reconocer adeudos laborales y falta de inscripción retroactiva al IMSS también.

Ese antecedente colocó bajo presión a las autoridades municipales, porque mostró conflictos viejos con policías que exigieron derechos elementales por la vía legal local. 
Ahora, tras el homicidio, compañeros y observadores vuelven sobre la misma pregunta: cuántos agentes patrullan Silao sin certeza laboral ni respaldo institucional real ni base.
La muerte del agente también deja a una familia frente al desamparo. Su caso exhibe el costo humano de postergar decisiones administrativas durante años.
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