Diputado Ernesto Millán: de modista a fiscalizador… pero con memoria selectiva

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En Silao, la basura siempre huele mal… y no solo la de las calles. Ahora resulta que el diputado local Ernesto Millán —sí, el mismo que antes de la política era modista— se ha convertido en adalid de la limpieza urbana.

Muy indignado, el legislador exige a la alcaldesa panista Melanie Murillo “regularizar” la recolección de basura. Y aunque el exhorto podría sonar bien, el problema es que Millán padece de algo grave: memoria selectiva crónica.

Porque cuando el morenista Carlos García era presidente municipal, y el servicio de recolección estaba hecho un muladar, Millán guardó un silencio tan impecable como un traje recién planchado. No hubo exhortos, no hubo ruedas de prensa, no hubo llamados a meterle mano al problema de raíz.

El entonces diputado prefirió no “arrugarse” y no incomodar a su compañero de partido, aunque la basura se desbordara y la crisis fuera evidente.

Y no fue solo con la basura. Millán tampoco abrió la boca ante el excesivo gasto en luminarias durante la gestión de Carlos García, un gasto que la población sigue pagando. Mucho menos cuestionó el despilfarro de la feria de 2024, donde, por cierto, hay señalamientos de un daño de 25 millones de pesos. Ahí, el diputado se mostró bastante omiso… y bastante sumiso.

Pero ahora que en la alcaldía está Melanie Murillo, del PAN, el modista devenido político se ha soltado la lengua. Curiosamente, no para cuestionar el verdadero fondo que del problema: la concesión millonaria de más de 4 millones y medio que, en vez de solucionar, mantiene al municipio financieramente amarrado.

Y aquí viene lo irónico: Carlos García entregó ese jugoso contrato a su compadre y amigo Ricardo Osegueda; Melanie Murillo lo mantiene en manos de empresarios leoneses, con el mismo esquema de negocio que exprime el presupuesto. En otras palabras: el vestido es el mismo, solo le cambiaron los botones.

Si Millán quisiera servir a la gente —y no a su propio proyecto para buscar la presidencia municipal— pondría sobre la mesa el debate de fondo: cómo rescatar el servicio de basura sin que sea una mina de oro para privados y un lastre para Silao. Pero no. Prefiere un discurso fácil, directo al aplausómetro, aunque huela a oportunismo político más que a honestidad.

En Silao, la basura se recoge… o se utiliza. Y Millán, al parecer, prefiere reciclarla en forma de votos. ¿Será buena su estrategia? Yo creo que no.