El PAN de Silao, entre la unidad fingida y la fractura interna

La asamblea panista en Silao no fue un acto de unidad, sino la confirmación de las profundas grietas que hoy atraviesan al partido.

Cuando Débora Velázquez tomó la palabra como exdirigente municipal, en su discurso de despedida, más de 200 manos levantaron boletas con el “NO”, rechazando su liderazgo marcado por el divisionismo.

Ese “NO” se convirtió en símbolo de una militancia cansada de convivir con exdirigentes que ya tienen un pie en las filas guindas.

El caso del exalcalde José Antonio Trejo y de la exsecretaria del Ayuntamiento, Erika López, refleja la fuga constante de perfiles que, en busca de poder, migraron hacia Morena.

Que ambos se dejen retratar con el senador morenista Emanuel Reyes es una evidente declaración de guerra contra la actual presidenta Melanie Murillo y la propia dirigencia estatal.

Por eso los gritos de que “el PAN no es guinda”, durante la asamblea dominical que hizo pública la fragilidad de un partido que se resquebraja desde sus propias entrañas políticas.

La fractura es todavía más visible cuando aparece el nombre del diputado Salvador Tovar, señalado como arquitecto del divisionismo, pero aún incrustado en las filas azules.

La pregunta es inevitable: ¿qué hace todavía un perfil tan cercano a los intereses guindas dentro de la fracción panista en el Congreso estatal?

Mientras la presidenta municipal Melanie Murillo es electa consejera, sus supuestos compañeros de partido parecen más ocupados en desconocerla que en construir un proyecto común de futuro.

Y es que las fotografías oficiales nunca han mostrado a Tovar al lado de Murillo. Lejos de sumar, la relación es de indiferencia absoluta, casi enemistad política declarada.

Lo preocupante es que el PAN en Silao no se fortalece con la victoria, porque ganó con una ventaja mínima que ahora luce insostenible.

La unidad panista parece un espejismo: discursos que prometen reconciliación, pero realidades que muestran bandos irreconciliables, más cercanos a la ruptura que al entendimiento político.

Rumbo a 2027, la verdadera contienda no será entre PAN y Morena, sino quizás otros partidos como Movimiento Ciudadano o el Verde, todos fragmentados por ambiciones personales y desbandadas inevitables.

El riesgo es claro: los ciudadanos podrían dejar de identificar al PAN como opción viable, percibiendo más enredos internos que propuestas reales para gobernar Silao.

La asamblea pues fue espejo del caos: consejeros elegidos en un ambiente hostil, dirigentes señalados como traidores, y una militancia dividida entre fidelidad y desencanto.

En ese terreno resquebrajado, Acción Nacional parece caminar hacia una batalla más contra sí mismo que contra sus adversarios. Y esa es la amenaza real.

El PAN de Silao tiene dos caminos: recomponer su proyecto desde la base, o resignarse a perder relevancia en un escenario político cada vez más plural.

Si la dirigencia estatal no asume el reto, lo vivido en Silao será apenas un preludio de la derrota que se cocina rumbo al 2027.