
La presidenta municipal de Silao, Melanie Murillo, está a punto de tomar una de las decisiones más arriesgadas y cuestionables de su todavía joven administración: nombrar a Lety Reyes como directora de Comunicación Social. El movimiento, lejos de fortalecer su gobierno, abre grietas éticas, políticas y operativas que podrían convertirse en un problema mayor.
No se trata de descalificar por género, porque Lety merece el mismo escrutinio que cualquier figura pública. Se trata de evaluar hechos, trayectorias y responsabilidades. Y aquí los datos pesan. Mucho.
A continuación, las razones por las que Melanie no debería colocar a Lety Reyes en ese cargo:
1. El antecedente electoral de 2024.
Lety presidió el Consejo Municipal Electoral durante la elección más cerrada en décadas. La constancia de mayoría que entregó a Melanie en julio de 2024 quedó envuelta en señalamientos, reclamos y un ambiente de absoluta desconfianza pública. La diferencia fue de apenas 206 votos. Esa firma tiene historia, y esa historia no está limpia.
2. Las anomalías del proceso.
Su Consejo Municipal acumuló errores, omisiones y fallas operativas tan graves, que el Instituto Electoral del Estado tuvo que intervenir para corregir. Esa intervención no fue un trámite menor: fue una llamada de atención sobre la incapacidad técnica del Consejo que encabezaba Lety.
3. La sospecha política inevitable.
Que la misma persona que entregó la constancia hoy se convierta en funcionaria clave del gobierno beneficiado genera una lectura política nefasta: acuerdos previos, favores pendientes o, al menos, un vínculo incómodo que erosiona la legitimidad de Melanie. Éticamente es indefendible.
4. Un historial de choques con la prensa.
Reporteros y editoras locales la describen como rígida, poco accesible y con un estilo autoritario que complica cualquier relación profesional. Justo lo contrario de lo que requiere el área que debe dialogar con los medios.
5. Capacidad cuestionada para el cargo.
Aunque académica, su paso por la comunicación institucional no destaca por resultados, innovación o profesionalismo. Y el área de Comunicación Social no admite improvisaciones: exige técnica, criterio político, sensibilidad y liderazgo.
6. El costo para la imagen de Melanie.
La presidenta llega a este punto con problemas internos, cuestionamientos ciudadanos y presiones crecientes. Sumar una figura tan controvertida a su gabinete es, políticamente, cavar más hondo en vez de salir del hoyo.
La pregunta central es sencilla:
¿Para qué arriesgarse tanto por alguien que le aporta tan poco y le complica tanto?
Melanie todavía puede evitar un error que le costaría caro. La política no solo se trata de ganar elecciones, sino de sostenerlas con decisiones éticas, inteligentes y viables. Nombrar a Lety Reyes sería exactamente lo contrario.
Esperemos que mañana, antes de anunciar a su nueva titular de Comunicación Social, la presidenta cierre la carpeta, respire y piense en el daño que este movimiento puede generarle a su gobierno y a Silao. Porque lo que hoy parece una apuesta interna podría convertirse en el mayor desgaste de su administración.


