
El secretario de gobierno, Jorge Jiménez Lona, puso el dedo en una herida incómoda: asegura que el desarrollo de Silao pierde ritmo por cálculos políticos opositores del Cabildo.
Su señalamiento obliga a revisar algo más profundo que una votación: si los regidores opositores realmente representan ciudadanos o simplemente administran bloqueos cada día.
El secretario menciona proyectos atorados y obras perdidas. Entre ellos aparecen la calle Raúl Bravo, el centro contra adicciones y Santa Clara de Marines.
No todos esos fracasos cargan una sola culpa, pero resulta imposible ignorar que la oposición convirtió su voto en la principal herramienta de negociación política.
O no saben hacer otra cosa, o simplemente quieren mostrar su poder a través de esta forma. Lo cierto es que la oposición está perdiendo el discurso entre los ciudadanos.
Usted recordará que a principios de año ocurrió lo mismo con el presupuesto 2026: César Arreguín, Gregorio Pérez , Marcela Caballero, Elizabeth Monreal, Francisco Chagoya y Alejandro Peña Gallo presionaron.
Entonces reclamaron transferencias poco claras, recursos para seguridad, medicamentos y otras partidas. Tenían argumentos válidos y obligaron al gobierno municipal a explicar cuentas públicamente.
Ahí cumplieron una función necesaria. Ningún Ayuntamiento merece cheques en blanco y menos cuando mueve millones entre partidas sin explicaciones suficientes para todos los silaoenses.
El problema surge cuando esa capacidad solamente despierta donde existen presupuestos, terrenos, contratos, obras o decisiones capaces de generar presión y rendimiento político inmediato.
Hay que precisar que en la calle Raúl Bravo se acumuló reclamos ciudadanos y confrontación política. El centro contra adicciones perdió una oportunidad por falta de autorización sobre un terreno municipal necesario.
Ahora Santa Clara de Marines enfrenta incertidumbre. Otra obra relevante podría naufragar porque gobierno y oposición nuevamente carecen de acuerdos políticos suficientes para avanzar.
Por eso el Secretario de Gobierno encuentra argumentos. Puede resultar cómodo culpar solamente a opositores, pero ellos alimentan esa narrativa cuando reducen su papel al bloqueo presupuestal.
Porque ser oposición exige más que detener. Exige proponer, investigar, acompañar ciudadanos, presentar denuncias, sostener litigios, revisar expedientes y construir alternativas serias también ciudadanas.
Hace unos días, una familia denunció abuso policial en Silao y difundió los videos por sus redes sociales. En este caso, los opositores guardaron silencio. Ahí existía una causa ciudadana mucho más urgente para defender públicamente y no hicieron nada.
Los deportistas reclamaron falta de apoyo hace unos meses cuando comenzó un torneo de futbol que este fin de semana enfrenta la semifinal. Tampoco apareció una ofensiva seria para revisar programas, reglas, recursos, prioridades y responsabilidades dentro del gobierno municipal actual.
Los opositores si hablan de comunidades con carencias, pero esas necesidades pocas veces llegan al Cabildo como propuestas concretas, gestiones, litigios o presupuestos alternativos serios.
En el caso del terreno millonario de la feria, solo el regidor César Arreguín, es quien mantiene un litigio administrativo dando la batalla sobre la compra del terreno ferial en 80 millones.
Los demás opositores parecen haber abandonado aquella batalla jurídica municipal por completo. Hay incluso quien dijo que se le pasaron los tiempos y dejó el litigio al olvido.
Eso exhibe una debilidad seria: saben contar votos, pero no dominan tribunales, auditorías, responsabilidades administrativas, recursos legales ni mecanismos institucionales de verdadero contrapeso ciudadano.
Cuando falta conocimiento jurídico, sustituyen estrategia con presión. Entonces aparecen bloqueos, condicionamientos y manitas de puerco como método para obtener concesiones desde el poder.
Ayer fue el ejemplo con el todavía panista, Alejandro Peña Gallo, quien levanta la mano para pedir una obvia resolución sin mostrar con claridad su propuesta. Eso aquí en China se llama ignorancia.
Ahora bien, Jiménez Lona tampoco puede lavarse las manos, gobernar exige transparencia, acuerdos, previsión y capacidad política… aunque los opositores deben dejar de facilitarle argumentos gratuitos.
La gente está hasta la madre de regidores ausentes, asesores mediocres y discursos selectivos. Silao requiere representantes que peleen causas ciudadanas, no solamente millones públicos.
Se requiere una oposición preparada, cercana y valiente: que vote, litigue, investigue, proponga y defienda ciudadanos.
Menos manitas de puerco; más inteligencia política y jurídica.

