Silao: tres meses de berrinche y un presupuesto sin orgullo

Silao volvió a mostrar su peor rostro político. Tres meses de disputa, cálculo y soberbia dejaron claro que aquí el poder pesa más que la gente.

El presupuesto 2026 no representa un logro administrativo. Representa un conflicto que se alargó por decisiones cerradas, posturas rígidas y una conducción política equivocada.

La presidenta municipal, Melanie Murillo, tuvo una oportunidad clara: construir acuerdos desde el inicio. Sin embargo, optó por imponer, cerrar puertas y tensar una relación ya complicada.

Gobernar después de una victoria electoral cerrada exige inteligencia política. Exige sumar. Exige escuchar. Nada de eso ocurrió durante semanas que hoy pesan sobre su credibilidad.

El Cabildo se convirtió en un campo de batalla. Los regidores de Morena, Movimiento Ciudadano y un edil del PAN entendieron el momento y cerraron filas para evitar un presupuesto incompleto.

No defendieron una postura ideológica. Defendieron lo evidente: los policías necesitaban un aumento a salarios rezagados; los trabajadores sin jubilación urgían una solución; y los laudos laborales ya presionaban las finanzas municipales. Esos temas se ignoraron con capricho y arrogancia política.

También era necesario inyectar presupuesto al rastro municipal y darle sustentabilidad a la calle Santa Clara de Marines.

La presidenta resistió hasta donde pudo. Cedió cuando ya no tuvo margen o cuando quedó exhibida como una funcionaria negligente tras el escándalo de videos personales.

Ese hecho también explica este presupuesto: no nació del liderazgo, nació de la presión.

El resultado incluye avances, pero evitó tocar el tema más sensible: los privilegios. Ahí no hubo negociación, ni ajustes, ni voluntad para compartir el costo político.

La alcaldesa mantuvo su ingreso mensual de 199 mil pesos, que seguro será otro de sus próximos escándalos, porque ganará más que la presidenta y gobernadora.

Los regidores conservaron percepciones altas, apoyos adicionales y recursos que fortalecen su operación política.

Ese dato pesa más cuando se revisa el fondo del presupuesto. Se aprobó una bolsa cercana a mil 800 millones de pesos y apenas 200 millones se destinaron a obra pública municipal.

Silao enfrenta rezagos visibles en calles, drenaje, seguridad y servicios básicos. Esa proporción presupuestal no responde a esa realidad. Responde a prioridades políticas internas.

Otro punto delicado aparece en el terreno de la Feria. El municipio deberá cubrir alrededor de 30 millones de pesos por una operación cuestionada.

Ese compromiso financiero nació en condiciones desfavorables para la población. Aun así, el presupuesto ahora absorbe ese costo sin un debate público profundo ni transparente.

Y aun con ese contexto, personal de Presidencia celebró. Aplausos, sonrisas y porras sellaron una sesión que debió cerrar con autocrítica, no con festejo político.

La imagen resulta ofensiva. Tres meses de retraso no merecen celebración. Tres meses de tensión no justifican una fiesta. Tres meses de desgaste no construyen orgullo.

Silao necesita acuerdos tempranos, decisiones responsables y un respeto real por el tiempo y las necesidades de su población.

Este presupuesto 2026 deja una enseñanza clara: cuando el poder se aferra, la oposición ordena. Y cuando eso ocurre, la ciudad siempre paga el costo político. Melanie también lo pagará.