Melanie negó becas, pero soltó 30 millones para el terreno de la Feria

Antes de destrabar becas, servicios y apoyos sociales, Melanie Murillo tuvo una prioridad mucho más urgente: liberar el segundo pago por el terreno millonario de la Feria.

No se trató de cualquier trámite. Fue una transferencia de 30 millones de pesos para avanzar en la compra de un predio cuestionado, valuado en 80 millones, por apenas dos hectáreas.

Ahí aparece la contradicción más brutal de su gobierno.

Para la gente hubo espera. Para las becas, pretextos. Para los servicios, silencio. Para los apoyos sociales, paciencia obligatoria. Pero para el terreno de la Feria sí hubo dinero, rapidez y decisión.

Qué eficiencia tan admirable. Ojalá esa velocidad administrativa apareciera cuando una familia pide una beca, cuando una colonia exige servicios básicos o cuando los ciudadanos reclaman respuestas.

Melanie dijo que no había dinero. Pero sí encontró 30 millones para pagar el segundo abono de un terreno bastante bien pagado y políticamente incómodo.

Entonces el problema nunca fue la falta de recursos. El problema fue la falta de voluntad para poner primero a Silao.

Mientras el Ayuntamiento discutía presupuesto, prioridades y necesidades públicas, la alcaldesa ya había movido dinero hacia su proyecto más cuestionado. Mientras unos pedían explicaciones, el segundo pago del predio ya caminaba.

La escena resulta ofensiva: becas atoradas, apoyos detenidos, servicios pendientes y, al mismo tiempo, una transferencia millonaria liberada con una puntualidad casi sospechosa.

Para lo social, austeridad. Para el negocio inmobiliario de la Feria, puntualidad suiza.

Ese pago no parece un descuido administrativo. Parece una decisión política tomada en lo oscurito, lejos del debate público y antes de que el presupuesto municipal quedara aprobado.

Melanie pidió paciencia a quienes esperaban apoyos, pero no tuvo paciencia cuando tocó pagar el terreno de 80 millones.

Ahí se le cayó el discurso.

No faltaba dinero para todo. Faltaba decencia para decidir primero por la gente.

Porque si había 30 millones disponibles para el segundo pago de dos hectáreas cuestionadas, también podía haber respuesta para educación, deporte, cultura, colonias y servicios básicos.

La pregunta política resulta inevitable: ¿cómo se atrevió Melanie Murillo a negar apoyos mientras su gobierno ya liberaba millones para ese predio?

Ese terreno ya no representa solo una compra. Representa el primer gran símbolo de una administración que cerró la llave para los ciudadanos y la abrió para el negocio conveniente.

Porque aquí el mensaje resulta devastador: no había para becas, pero sí para el terreno; no había para servicios, pero sí para el negocio.

Melanie no necesita que sus críticos la exhiban. Ella sola lo hizo con una transferencia de 30 millones.