Entre fiestas de Melanie, Silao carga abandono y rezago urbano

Melanie Murillo convirtió el gobierno de Silao en una agenda de festivales, shows, convivios y eventos con aroma claro de campaña adelantada.

Desde el primer día, su administración privilegió reflectores, escenarios, fotos, música, regalos y aplausos, antes que resultados verificables para la ciudad.

El Festival del Niño, Día de las Madres, Primavera, Día de Muertos, Reyes y Navidad marcaron una ruta política muy evidente.

Cada festejo alimenta la imagen de una presidenta más cómoda entre selfies y tarimas que frente a problemas profundos de Silao.

Ahora también descubrió a los maestros, aunque el año pasado la memoria oficial no alcanzó para tanto reconocimiento público.

Este año hubo gran show, invitaciones amplias y una estrategia visible para tocar escuelas, docentes, padres de familia y comunidades educativas.

Silao tiene 376 escuelas, pero muchas arrastran problemas que ningún festival resuelve: drogadicción, alcoholismo, violencia, acoso, pornografía y abandono familiar.

Claro, esos males pertenecen a la sociedad completa; nadie puede cargar todo el peso sobre una presidenta municipal.

Pero Melanie sí debe responder por el dinero público que destina a fiestas, espectáculos y eventos con utilidad política evidente.

El problema no radica en celebrar a niños, madres, maestros o familias; el problema aparece cuando nadie transparenta los costos.

¿Cuánto cuesta cada festival? ¿Cuánto pagó el municipio por artistas, sonido, logística, regalos, publicidad, renta, comida y operación?

El Otro Enfoque pidió información sobre esos gastos, pero el gobierno municipal conserva silencio, evasivas y opacidad ante preguntas legítimas.

Esa falta de cuentas abre una sospecha inevitable: Silao no mira política social, sino proselitismo disfrazado de convivencia ciudadana.

Melanie parece mejor candidata que gobernante. Su equipo la trata como aspirante permanente, no como autoridad con obligaciones concretas.

Una campaña con recursos públicos representa una falta grave, aunque los operadores políticos sepan maquillar facturas, discursos y eventos oficiales.

Por eso urge marcar la frontera entre cercanía social y promoción personal. Una presidenta no puede usar fiestas como refugio político.

Silao necesita drenaje, seguridad, servicios, escuelas atendidas, calles funcionales y programas con resultados, no una cartelera interminable de festivales.

El nuevo programa MejorAndo Contigo exige todavía más claridad. Si llevará servicios a colonias, también debe llevar cuentas públicas.

Melanie presume cercanía, pero la cercanía no sustituye legitimidad. Mucha gente acude por becas, apoyos o beneficios inmediatos.

Eso no significa simpatía real. En política, el interés ciudadano muchas veces aparece donde existe dinero, ayuda o necesidad.

Con un rechazo cercano al 70 por ciento, según mediciones locales, la presidenta no puede confundir asistencia con respaldo popular.

Su partido también paga el costo. Cada fiesta sin resultados agranda el desgaste político y reduce la confianza ciudadana.

Silao no necesita otra candidata en campaña. Necesita una gobernante que rinda cuentas, gobierne con seriedad y deje el show.