El chapulín que saltó sin sudar

Salvador Tovar presume una especie política nueva: el chapulín congruente. Brinca de partido, sonríe en tribuna y todavía pide respeto ciudadano.

Su historia no empezó con una gran victoria propia. Llegó a San Lázaro como suplente, casi por accidente de la política.

El titular de aquella diputación federal enfrentó acusaciones por abuso sexual y asuntos ante la justicia. Entonces Tovar ocupó la curul disponible.

No ganó por carisma popular, ni por trabajo de calle, ni por una gran campaña. Entró sin sudar la camiseta electoral.

Durante tres años disfrutó el cargo federal, el sueldo y los reflectores. Silao, mientras tanto, rara vez vio resultados claros o cuentas públicas.

Después vino el premio extraño. El PAN, en sus absurdas negociaciones internas, lo colocó como candidato a diputado local por Silao.

Pero apenas pasó un año y Tovar cambió de camiseta. Primero se dijo independiente, aunque su independencia ya olía a guinda.

Luego aparecieron fotos, guiños, abrazos y padrinos. El diputado independiente parecía independiente sólo del pudor político más elemental en Silao.

Su frase: “orgullosamente chapulín” quedará para vitrina. Pocos políticos confiesan el brinco con tanta alegría y tan poca vergüenza.

También inventó otra joya: “chapulín congruente”. Es como vender agua sin agua, pan sin harina o promesa sin memoria.

Aqui en mi pueblo, esa pirueta tiene un nombre menos elegante: chaquetero. Cambia camiseta, cambia discurso, cambia banca y luego pide aplausos.

El diputado chapulín no consultó a quienes votaron por el PAN. Tomó ese trampolín electoral y cayó cómodo en el patio guinda.

Ahora presume cercanía morenista y cobijo político. Ricardo Oseguera aparece como padrino visible de este personaje que siente orgullo por los brincos políticos.

Este jueves subió a tribuna con el tema de Nápoles. Pero la autoridad municipal ya atendía esa comunidad desde mayo pasado.

Ahí aparece el problema. El diputado chapulín no llega primero a las causas; llega cuando hay público, cámaras, micrófono y oportunidad política disponible.

No representa conflictos, los usa. No construye confianza, busca reflectores. No rinde cuentas, pero sí sabe posar para la foto.

Silao no requiere insectos con dieta presupuestal. Necesita palabra firme. Menos brincos y descaros.

El diputado Tovar dice que no le indigna el mote de chapulín. Tal vez porque convirtió el salto en orgullo y estrategia personal.

Pero la urna tiene memoria. Tarde o temprano cobra cada brinco, cada traición y cada camiseta abandonada.